¿Es útil la Ley de Violencia de género?

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Hace poco surgió una polémica a raíz de unas declaraciones de Toni Cantó en las que aseguraba que la mayoría de denuncias de víctimas de género son falsas. Desconozco las estadísticas y no voy a perder el tiempo buscándolas, pero, después de más de cinco años en el turno especial de asistencia a las víctimas de violencia de género (y más de ocho colegiado) puedo hablar de mi experiencia. Experiencia en la doble vertiente, porque en estos años me he ocupado de la defensa de imputados por este tipo de delitos y de la acusación en nombre de las víctimas de los mismos.

No es momento de hablar de los requisitos para considerar cometidos este tipo de delitos, sino que prefiero hablar de este tema.

Es cierto que hay denuncias falsas. Eso no se puede negar. Y quien tenga una mínima experiencia en el foro podrá apoyar mis manifestaciones. Pero lo que abunda en una proporción infinitamente mayor son los casos en que la víctima desiste de continuar el procedimiento, ya sea porque perdona al agresor o porque “quiere acabar cuando antes y olvidarlo todo”, porque cuando no bebe es una persona maravillosa o, directamente, por vergüenza ante su familia (la natural y la política). Por eso es por lo que no funciona el sistema. Si luego la víctima no hace uso de los instrumentos que pone la ley para protegerla, poco se puede hacer.

Y es que la legislación vigente dispone de medios efectivos para proteger a las víctimas. Evidentemente, no puede poner a un policía 24 horas vigilando a cada víctima (aunque a alguna en particular se lo pueden poner), pero, repito, hay instrumentos de protección suficientes. Entre estos destacan las órdenes de protección, en las que, valorando previamente el riesgo en que se encuentra la víctima, y tras una vista en la que intervienen el ministerio fiscal y los letrados de las partes, se puede prohibir todo tipo de comunicación por parte del agresor y hacia la víctima (llamadas, mensajes, e-mail…) y acercarse a su lugar de residencia o de trabajo en un radio determinado de metros (no es lo mismo que los hechos ocurran en una aldea pequeñita que en una capital de provincia, claro). Además, también se puede acordar si se dan los requisitos legales para ello, la prisión provisional o preventiva hasta que se celebre el juicio.

Además, a las víctimas se les proporciona un abogado para que les asesore en el momento de interponer la denuncia y solicitar la orden de protección, así como para que la asista en todo el proceso y se les facilita a las mujeres maltratadas y a sus hijos menores asistencia psicológica especializada y gratuita.

Pero todo esto queda en agua de borrajas si la víctima se arrepiente y decide terminar el procedimiento. Hay supuestos (los más graves) que pese a esta renuncia y con el impulso del ministerio fiscal, se puede continuar con la tramitación del mismo, pero sin la prueba primera y principal del asunto que es la declaración de la víctima, realmente, poco se puede hacer.

Por eso, me mantengo en mi opinión de que hay instrumentos y medidas de sobra, pero que el arma principal para erradicar esta lacra es la EDUCACIÓN.

Por mi experiencia, no se trata de que un señor pierda los papeles y repentinamente golpee a su mujer o novia. Es otra cosa. Poco a poco el futuro maltratador va a ir minando la moral de la víctima con cosas ínfimas y aparentemente sin importancia, a lo que la mujer suele acceder. Por ejemplo, si a su novio no le gusta que se ponga esa minifalda, pues no se la pone y ya está. ¿Para qué discutir si tiene más ropa? Se pone esa otra falda que es un poco más baja y ya está. O si no le gusta que quede con tal o cual amiga (o amigo), pues tampoco lo hace. No merece la pena discutir, ¿verdad? Pues así, poco a poco, va erosionando la autoestima de la futura víctima, hasta que acaba golpeándola, insultándola o humillándola. Da igual los estudios, la posición social o la edad (aunque cada vez empiezan antes las situaciones de violencia machista y entre parejas cada vez más jóvenes). Luego viene la etapa de la “luna de miel”. Arrepentimiento, lágrimas y promesas. Pero esta etapa es cada vez más corta y cada vez antes vuelve a ocurrir un episodio de violencia. Esto son matemáticas.

Para paliar esto, aparte de los instrumentos citados, lo fundamental es la EDUCACIÓN, la concienciación en la sociedad. Todavía nos queda mucho, pero este delito se puede convertir en algo accidental.

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